KÉTNEMÜ: Vínculo fantasma
"El vínculo era inquebrantable, hasta que dejó de serlo"
Ha pasado un año desde lo impensable: Luke Flabiano y Blaise Habsburg, unidos por el legendario Kétnemü, han tomado caminos separados. Detrás de una fachada de fría diplomacia ante la élite de los clanes vampíricos y la escrutadora mirada de Caín, ambos ocultan una agonía silenciosa. Separarse es ir contra su propia naturaleza, pero una diferencia irreconciliable los ha forzado a vivir el infierno de extrañarse estando en el mismo mundo. Sin embargo, el dolor emocional no es la única sentencia de Luke. Una amenaza oscura y prematura lo está devorando desde adentro: "la locura" ha llegado años antes de lo previsto. Con su cuerpo fallando, su poder descontrolándose y la única cura existente fuera de su alcance, el Gran Patrizio de los Veneto debe tomar una decisión drástica antes de que su tiempo se agote. Para proteger el futuro de su clan, Luke está dispuesto a hacer el máximo sacrificio y engendrar al sexto heredero de la familia, renunciando a cualquier esperanza de salvación personal. Mientras las intrigas se tejen en la Mesa de los Pecados Capitales y el reloj avanza de forma implacable, una pregunta ineludible se cierne sobre ellos: ¿Hasta dónde es capaz de resistir el Kétnemü una separación tan cruel? Las llamas gemelas están ardiendo, pero esta vez podrían consumirse hasta las cenizas.
Prefacio: Hiraeth
Blaise se había ido. Sería justo un año al día siguiente, pero Luke no conseguía olvidarlo, ¿cómo podría? Sería un año sin poder abrazarlo, besarlo o sentirlo. Aún lo amaba, todavía lo necesitaba, lo deseaba… Y se preguntaba por qué, ¿por qué las cosas terminaron así? • • • Año 2165 d.C., 166 d.G. Ciudad Neutral de Gaia Gaia había cambiado mucho en el último siglo y medio, y la Ciudad Neutral era una muestra fehaciente de eso. Esa noche, en la sede de la Mesa de los Pecados Capitales, en el ala de la Lujuria, la élite de los doce clanes vampíricos llegaba para una reunión de rendición de cuentas en presencia de Caín, el Padre de todos. Los primeros en llegar fueron los Bernadotte, la familia principal del clan Gottorp. Bastian, el jefe, e Ivor, su hijo, pasaron sin prisa hacia el salón de la reunión, cuyas puertas estaban custodiadas por vampiros que servían directamente a Caín, sin ninguna identidad de clan para proteger la neutralidad. Los jefes y príncipes del clan Norfolk, Avis y Orange fueron los siguientes. Unos minutos más tarde llegó Arik Alkaev, jefe del clan Karadj, cuyo heredero aún era muy joven para estar presente en las reuniones, y más atrás Bogdi y Jakub Würltemberg, del clan Teck. Los representantes del clan Mat llegaron, y Myron, su actual líder, se detuvo al ver llegar a un buen amigo suyo. —Tomsk, ha pasado un tiempo —saludó al recién llegado. Tomsk Habsburg, el jefe del clan Kyburg, que vestía un impecable traje con un abrigo azul oscuro, se acercó con una sonrisa y extendió la mano. —Myron, qué bueno verte de nuevo. El descanso te sentó bien. Myron aceptó gustoso, soltó una risita y miró de él a quien venía a su lado. —Y veo que tu heredero sigue tus pasos de maravilla. Junto a Tomsk se detuvo un muchacho de apariencia veinteañera, con el cabello corto y una serenidad que usaba como bandera. Al saberse mencionado, hizo una breve reverencia como muestra de respeto. —Señor Zogu, es un placer volver a verlo. Myron sonrió y soltó a Tomsk, para darle una palmadita en el hombro a Blaise Habsburg, el Príncipe de los Kyburg. —Desperté hace unas semanas y me enteré de lo tuyo. Felicidades, muchacho. Es bueno saber que los Kyburg tienen a una nueva generación de sucesores. Blaise lo miró y ofreció una sonrisa cortés. —Así debe ser, señor Zogu. Myron volteó hacia su primogénito, que enseguida miró hacia otro lado. —¿Escuchaste, Zeno? «Así debe ser» —espetó, con una pizca de molestia que no se sentía nada falsa—. ¿Cuándo le darás un heredero a la familia? Este se encogió de hombros, pero aprovechó la llega de los Wetten, del clan Dietrich, y de su buena amiga Merel, la hija del jefe, Henk, para salir del paso. —¡Merel, qué bueno verte! —escapó del escrutinio de su padre para caminar hacia una pelirroja que suspiró. —Ese muchacho… —masculló Myron mientras negaba con la cabeza. Los Nassau, del clan Weilburg, pasaron por ahí al tiempo que Tomsk soltaba una risita. —Dale tiempo. Aún es un muchacho, Myron. El nombrado chascó con la lengua. —Tu muchacho y él tienen más o menos la misma edad. No quiero sentir envidia de tus cuatro herederos, Tomsk, pero la siento. Tomsk soltó la carcajada. —Tienes a un buen líder que cuidó a tu familia los cincuenta años que estuviste fuera. Ten paciencia. Ya vendrán los herederos. Los Oldenburg, del clan Lyksborg, llegaron y pasaron al interior de la sala sin más. Blaise dirigió su atención hacia Zeno y Merel, que hablaban como viejos amigos, y bajó la cara; sin embargo, su cuerpo se tensó enseguida al sentir algo, algo que solo él podía sentir, y que los demás apenas notaron cuando del pasillo emergieron un par de rubios. Malcolm, ahora Flabiano con todas sus letras, avanzó con paso firme, y al ver a Tomsk y a Myron no dudó en acercarse. —Tomsk, qué bueno verte. Myron, así que ya volviste a tus deberes. Malcolm extendió la mano, primero para saludar a Tomsk, luego a un Myron que también la estrechó sin miramientos. Los clanes Kyburg, Veneto y Mat se llevaban bien desde la primera cuna, porque sus Arcantes eran muy cercanos, y eso se distinguía a simple vista. —Descansé lo suficiente, no necesito relajarme mucho —contestó Myron, y echó un vistazo junto a Malcolm, donde otro rubio se había detenido y saludaba a Tomsk con diligencia—. Luke, muchacho, te ves bien. Veo que Malcolm sobrevivió al Milenario. Debió ser todo gracias a ti. Luke, ahora también Flabiano, sonrió pero no negó nada. Vio a su padre y luego a Myron. —Mi padre es fuerte, Lord Mat. Si está aquí hoy, es solo por mérito suyo. Myron soltó una risita, y vio de Luke a un Blaise que mantenía la vista a un punto vacío al frente, con el gesto serio. Solo entonces se dio cuenta de que no había habido saludo entre él y el Príncipe de los Veneto, y frunció el ceño. —¿Pasó algo entre ustedes dos mientras yo no estaba? —preguntó de la nada, y el ambiente se tensó. Merel y Zeno dejaron de hablar de repente, y este último se acercó a su padre, a quien le susurró algo al oído: «Iba a hablarte de eso antes, pero no quisiste escuchar». Myron abrió de más los ojos por lo inesperado, pero la sonrisa y las palabras de Luke detuvieron cualquier intento por opinar. —Blaise y yo decidimos tomar caminos separados, Lord Mat. Pero no es nada de lo que deba preocuparse. Las relaciones entre los Kyburg y los Veneto son incluso mejores que antes de que usted se fuera a descansar y, por supuesto, seguiremos trabajando todos juntos. Luke no miró a Blaise, y aunque Malcolm quiso decir algo, se mordió la lengua, sabiendo que no eran ni el lugar ni el momento. Entonces, una puerta al otro lado del pasillo se abrió, y entró uno de los guardias custodios de Caín. —El Señor Caín está por llegar —anunció, y cualquier conversación que estuvieran teniendo murió ahí. Todos entraron con prisa al salón y ocuparon sus lugares. El lugar estaba dispuesto con una mesa dodecagonal, donde cada uno de los lados correspondía a un clan, y un centro hueco con una silla giratoria. Los miembros de los doce clanes se sentaron en sus lugares designados en el sentido de las aguas del reloj por orden alfabético, desde los Avis hasta los Weilburg. La puerta se abrió desde afuera, y se escucharon pasos firmes, pero no demasiado duros. Los veinticuatro presentes se levantaron enseguida y bajaron sus cabezas. Un hombre espigado y delgado entró. Vestía una gabardina ancha y cerrada que no dejaba ver más abajo, pantalones y botines. Su cabello, blanco platinado hasta debajo de las orejas, apenas se movía con cada paso, y sus ojos rubí perlado recorrieron apenas la sala. Cruzó hasta la mesa sin problemas, y pasó sobre ellas para situarse al centro. —Pueden sentarse —declaró, con una voz neutra y serena que, sin embargo, caló en cada uno de los presentes. Era la voz del Padre. Todos hicieron lo ordenado, en tanto el recién llegado se sentó en la silla con calma. Traía consigo un dispositivo delgado parecido a una tablet que manipuló sin problemas. —Bienvenidos a la reunión preliminar del Consejo Vampírico. Ha pasado un año desde nuestra última reunión en grupo, y tengo algunas cosas de las que hablar con todos. —Caín miró a todos sus «hijos», y volvió al dispositivo—. Belmiro, comencemos contigo, y sigamos el orden. Belmiro Braganza, jefe del clan Avis, asintió, y se levantó para dar su reporte. Con el correr de los minutos, cada jefe fue dando su informe de progresos y estado del último año. Tomsk habló sobre la integración y las pequeñas aldeas de otras especies en el territorio de Noricum, Alek comentó su trato con algunos licántropos y el próximo despertar de su padre, Myron habló sobre el cambio climático y cómo había favorecido a su territorio. —… También quisiera aprovechar esta oportunidad para anunciar a todos que en las próximas semanas mi cuna y yo nos iremos a descansar por un tiempo. Desde entonces Jakub, mi hijo mayor, se convertirá en el jefe, y ¿él y sus hermanos tomarán las riendas del clan. Caín asintió, y llegaron a Malcolm. Malcolm Flabiano cumplía ciento cincuenta años como el Gran Patrizio de los Veneto, y ya se había adaptado por completo al puesto. Gobernaba con mano de hierro a los suyos, sin temor a nadie que alzara la voz en su contra de mala manera. Había cambiado mucho en los últimos años, sobre todo después del Milenario, un momento que marcó su relación actual con el mayor de sus hijos, la forma en que lo veía. —…Nuestra alianza con los dragones de Aeras va viento en popa. Estamos exportando medicinas a su territorio. El brote de fiebre de dragón de la temporada pasada pudo ser contenido a tiempo gracias a la nueva medicación desarrollada por Luke —miró al susodicho, que permanecía atento a sus notas—. Para la próxima temporada planeamos negociar con medicina preventiva para evitar el mayor número de muertes posibles. Caín, al centro y mirándolo, asintió. —Me parece perfecto —dijo, bajo pero audible—. Sobre los zombis, recibí tu memo sobre eso hace unas semanas, Malcolm. Luke, lo hiciste muy bien esta vez con tu último tratamiento para los zombis sin maestro. Ahora que puede razonar, aunque sea de forma simple, ya no son un peligro para nadie, y pueden tener una vida relativamente normal. Felicidades por eso. Luke lo miró e hizo una breve reverencia, aún sentado. A un costado, Jakub, el Príncipe de los Teck, frunció el ceño. No le gustaba lo que oía. —Muchas gracias, Padre, aunque no merezco sus halagos. —Bajó más la cabeza y se centró en sus notas. Aunque la realidad era que tenía la cabeza en otra parte. Le picaba el cuerpo, le escocía el pecho, le ardían los pies y le latía la cabeza. Estaba haciendo un terrible esfuerzo por contenerse, por aguantar, pero era difícil. Tan cerca… tan lejos. —No te preocupes —comentó Caín, y se dirigió a Malcolm—. El territorio del Valle de la Muerte seguirá a cargo de los Veneto. Espero que en los próximos años puedan limpiarlo y reacondicionarlo. No para que sea habitable, pero puede ser usado a futuro para cosas más constructivas y prefiero que esté a punto. —Entendido, Padre —respondió Malcolm—. Ese es todo mi reporte. —Bien, siéntate. —Caín posó su atención en Mihai, indicándole que comenzara su informe. La reunión se extendió un poco más, con Caín dando algunas órdenes y aclarando puntos. Luke no quitó la vista de sus anotaciones en ningún momento, y Malcolm lo notó. Y también notó que Blaise tenía la vista perdida en algún lugar en su pedazo de mesa. Los dos estaban absortos, aunque parecían seguir prestando atención a la reunión. Él no fue el único en darse cuenta. Varios pares de ojos captaron la tensión, pero se guardaron sus dardos para más tarde. —Bien, entonces demos por terminada la reunión por ahora —anunció Caín, luego de dejarlo todo claro—. Quiero que para mañana me envíen los documentos y la información solicitada, ya que debe ser organizada para ser presentada en la próxima reunión de la Mesa. Todos asintieron y se levantaron. Luke también lo hizo; sin embargo, mientras recogía sus notas, la voz de Caín interrumpió sus pensamientos, y las acciones de todos los demás. —Luke, quédate un momento. Hay algo de lo que debo hablar contigo. Malcolm enseguida frunció el ceño, porque era la primera vez que veía algo así, al Padre buscando a uno de ellos, a su hijo, para «hablar en privado». ¿Acaso Luke se había metido en algún problema? Inquieto, hizo una reverencia y se marchó, como todos los demás. Tomsk también miró con extrañeza a un Luke que se quedó de pie en su sitio, con la vista puesta en unas hojas garabateadas con su letra llena de florituras. Antes de salir, Blaise le dio un último vistazo sin poder evitarlo, curioso por la declaración tan directa que acababa de hacer el Padre de todos. Al llegar afuera, vio a Jakub, Zachary, el Príncipe de los Norfolk, y a Zanja, el de los Weilburg, reunidos en un rincón, cuchicheando sobre lo que acababa de pasar mientras dirigían miradas furtivas hacia la entrada a la sala. Él frunció el ceño, pero no dijo nada y se volvió hacia su padre, que hablaba con Malcolm al costado. • • • —¿Puedes decirme qué está pasando? Casi no prestaste atención a la reunión de hoy. —La voz de Caín retumbó por la casi vacía sala, aunque su voz era suave. Luke frunció el ceño y dejó las notas sobre la mesa, la saltó y se le acercó. —Nada extraño, en realidad. Solo estoy un poco disperso, Padre… Caín le hizo una seña para que se acercara, y él obedeció. No quería resistirse, pero a estas alturas no tenía claro si podía hacerlo. La delgada mano del Primer Vampiro se posó en su mejilla, y sus claros ojos estudiaron los iris miel del Veneto antes de ver un poco más allá. —Hace mucho que los grilletes no están, pero te reprimes. ¿Por qué lo haces? Bajó la mano, y en ese instante Luke comenzó a desabotonarse la camisa, porque sabía lo que seguía. —Si no lo hago será riesgoso. —¿Lo crees? Cuando el rubio terminó de desabotonarse la camisa, gruesas marcas negras y moradas fueron visibles a los expertos ojos de un Caín que se mostró un poco sorprendido. Esas marcas no eran tan sencillas. Para empezar, un vampiro de la edad de Luke debería poder cicatrizar enseguida, ¿entonces por qué seguían ahí? Eran autoinfligidas, pero también había otras internas de una procedencia que identificó bastante bien. —¿Cómo es que…? Pero Luke cortó sus palabras con una negación de cabeza. —No es un buen momento para hablar de eso, Padre. Por favor, no lo hagamos. Caín frunció el ceño unos segundos, pero luego lo aceptó y asintió. —Bien, lo haremos así por ahora. Acércate. Luke obedeció, y lo siguiente que sintió fueron los colmillos del vampiro contra su cuello, justo antes de que le perforara la piel. Siseó y su cuerpo se tensó al instante. Un dolor sordo le recorrió el cuerpo y se agarró de los reposabrazos para mantenerse en pie, pero no se desmayó. Caín no solía beber sangre de otros vampiros, sobre todo porque de los que estaban despiertos casi nadie podría tolerar una mordida suya, así que dependía de los alimentadores que el Dios de los Cielos le permitía tener. Sin embargo, con Luke era diferente. Desde la primera vez que bebió de él le había parecido un niño interesante, y su sangre le resultaba reconfortante por una razón que todavía no lograba descubrir. Entre mordida y mordida, de esas que hacía al menos una vez al año, Luke se fortaleció, y se volvió capaz de soportarlo tanto que ahora incluso podía morderlo en el cuello sin temor a matarlo. Eso sí, no bebió mucho, porque no necesitaba mucho. Tomó un poco y se separó. —¿Crees que algo está pasando? —preguntó, mirando a un Veneto cuya herida comenzaba a cicatrizar mientras se abotonaba de nuevo la camisa. —Creo que comenzará pronto —contestó, y se quedó quieto al ver que el Primer Vampiro le ofrecía una gota de su sangre en la punta de su pulgar—. Padre… —Tómala. Te ayudará con eso que tienes adentro. Luke apretó los labios, reacio al principio, pero al final aceptó. Tomó la gota, la quinta desde que todo esto había comenzado, y la guardó en un lugar especial. Nadie afuera sabía lo que pasaba, porque Caín se había encargado de poner una barrera; sin embargo, esta se rompió cuan do tocaron a la puerta y abrieron sin esperar permiso. Un niño de unos cinco años, de cabello platinado y piel clara, entró corriendo a toda velocidad. —¡Caíííín, ya es horaaa! —chilló el pequeño, un humano. El vampiro se levantó y lo interceptó antes de que llegara a la mesa, cargándolo con extrema facilidad. El pequeñito era Abel, conocido como el Emisario del Dios de los Cielos en Gaia, Gobernante del pecado de la Soberbia. Detrás venía una veinteañera pelinegra que resopló y negó con la cabeza. Ella era Seth, Gobernante del pecado de la Avaricia. —Es muy impaciente… Le he dicho muchas veces que debe esperar a que termines tus pendientes, pero no escucha. —Déjalo… —murmuró Caín, dejando que Abel lo abrazara con fuerza—. No importa. Desde el centro de la sala, Luke vio esto desarrollarse con curiosidad, consciente de que el ciclo había vuelto a comenzar para Caín. Se terminó de arreglar y, luego de una reverencia y una despedida respetuosa, tomó sus cosas y se marchó. Afuera, muchos parecían esperar su salida, curiosos de si Caín le impondría algún castigo; sin embargo, Luke pasó de ellos y caminó hasta su padre. —Padre, es hora de irnos. Malcolm quería preguntar, pero se aguantó. Últimamente veía algo en su hijo que era incapaz de entender, pero que sabía no tenía el poder para tocar, y eso lo tenía muy pensativo. —Está bien. Se despidió de Tomsk y los demás, y se dispusieron a salir. Blaise estaba ahí, de frente, pero Luke pasó de él sin siquiera dirigirle el saludo, para conmoción de varios de los presentes, que no tardaron en comenzar a cuchichear. • • • Año 2165 d.C., 166 d.G. Territorio de Vitéliu, Düster De vuelta a casa y sin esperar a nada más, Luke convocó a su madre y a su padre al salón, ya que tenía algo importante que hablar con ellos. Malcolm seguía inquieto, y Alessandra estaba muy extrañada, porque también notaba muy raro a su hijo en los últimos meses, incluso antes de que su separación de Blaise Habsburg se hiciera oficial. Ambos se sentaron en el sofá del salón, en tanto Luke ocupó uno más pequeño a un constado y, sin preámbulos, anunció: —Ha llegado la hora de engendrar al sexto Patrizio de esta familia. • • • —Hiraeth: una profunda sensación de nostalgia, no solo por un lugar físico, sino por un tiempo, una persona o una época que puede que ya no esté a nuestro alcance.